El síndrome de las supermujeres no es el final de la historia del amor humano, sino el inicio de un capítulo más consciente, equitativo y evolucionado. Cada uno de nosotros, en nuestras relaciones cotidianas, escribimos ese capítulo. La pregunta es: ¿qué narrativa elegiremos crear? ¿Una de victimización y resentimiento, o una de crecimiento mutuo y transformación amorosa? La respuesta está en nuestras manos, en nuestros corazones y, sobre todo, en nuestra disposición a evolucionar más allá de lo que fuimos para convertirnos en quienes podemos ser.